martes, 18 de agosto de 2009

26022009

El pato vivía en completa lucha.
Estático y callado.
Permanecía en la estantería hasta que aquella mujer obsesionada con la limpieza de la casa lo colocaba cabeza abajo en el inodoro siempre reluciente.
El pato se enamoró de una balleta amarilla.
Sentía su tacto suave de gamuza rozándole los labios.
Cuando aquella mujer obsesionada con las manchas, el polvo, los germenes, la suciedad, le oprimía hasta que el líquido se derramaba sobre su enamorada.
Eran imbatibles.
Podían limpiar el mundo.

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